Novedades / Lanzamientos y Memoria Extrema
LA ÚLTIMA BATALLA EN LA TRINCHERA: MEMORIAM ANUNCIA SU DESPEDIDA CON 'ENDGAME' Y EL ECO INMORTAL DE BOLT THROWER

“Hay bandas que tocan metal para entretener; otras nacen en medio del barro, la pólvora y el luto para recordarnos que la música pesada es una armadura que se lleva hasta el último aliento.”
ENDGAME: EL CAPÍTULO FINAL
El metal subterráneo amaneció este martes 13 de octubre con una noticia cargada de pesadez y solemnidad.
Desde las calles industriales de Birmingham, la cuna de todo lo que amamos, Memoriam ha confirmado de manera oficial el lanzamiento de su sexto y último álbum de estudio, titulado proféticamente Endgame.
La colosal máquina de death metal fue forjada por exintegrantes de Bolt Thrower, Benediction y Cerebral Fix.
UNA DÉCADA DE MEMORIA Y RESISTENCIA
El anuncio marca el capítulo final de un viaje que comenzó hace una década como un homenaje visceral tras la trágica muerte del baterista Martin "Kiddie" Kearns.
Lo que nació como una necesidad de canalizar el dolor entre viejos hermanos de armas terminó convirtiéndose en una de las instituciones más respetadas del death/grind europeo.
Capitaneados por la voz inconfundible y cavernosa de Karl Willetts, las cuatro cuerdas demoledoras de Frank Healy, el filo bélico de la guitarra de Scott Fairfax y la implacable batería de Dirk Verbeuren (Megadeth), el cuarteto decidió cerrar el círculo en lo más alto de su poderío bélico-musical.
LA ÚLTIMA ANDANADA
El disco fue producido nuevamente por Russ Russell y engalanado con el arte del legendario Dan Seagrave, el arquitecto visual que ilustró las portadas más icónicas de Dismember, Entombed y Morbid Angel.
No es solo una despedida discográfica: es un manifiesto de resistencia sónica frente a la banalización del género.
Temas como "The Trench", "Close The Skies" y "The Final War" prometen ser la última andanada de tanques rodando sobre el barro, manteniendo viva esa marcha aplastante y solemne que Willetts patentó en los noventa.
EL ECO EN EL METAL SUBTERRÁNEO DE BOGOTÁ
Para la hermandad que en Bogotá ha quemado suelas en conciertos subterráneos en el Restrepo, Chapinero o Soacha, coreando la pesadez de la vieja escuela con una cerveza tibia en la mano mientras los parlantes escupen frecuencias demoledoras, la despedida de Memoriam duele, pero se celebra de pie.
En un mundo donde todo parece descartable, estas leyendas se retiran disparando hasta el último cartucho.
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