BOGOTÁ SUENA
KISS, 40th Anniversary World Tour, Bogotá, 10 de abril de 2015

10 de abril de 2015 · Bogotá · Épico

KISS

KISS, 40th Anniversary World Tour · Estadio Nemesio Camacho El Campín

KISS en concierto (Boston, 2004), Flickr user «Wok», Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Imagen de referencia, no corresponde a esta noche.

Hay bandas que no se discuten: se celebran. Y esa noche, el Campín entero las celebró.

El contexto

KISS, formada en Nueva York en 1973 por Gene Simmons y Paul Stanley, revolucionó el concierto de rock al convertirlo en un espectáculo inmersivo de maquillaje, pirotecnia y efectos visuales. Antes de ellos, era solo música; después, una experiencia teatral que prometía ser la mejor banda, sin importar los gustos musicales. Cuarenta años después, en 2015, esa promesa seguía intacta con su gira de aniversario.

La gira del 40º aniversario, que ya había recorrido Norteamérica, Australia y Japón, inició su tramo latinoamericano en Bogotá. Con solo una visita previa en 2009, la expectativa era enorme para este retorno. Aunque inicialmente programado en el Parque Simón Bolívar, el show se trasladó al Estadio El Campín el 10 de abril debido a actividades conmemorativas del Día de las Víctimas.

La prensa anticipó una producción de luces, sonido y pirotecnia "jamás antes vista", y en gran medida cumplió. La escenografía era una máquina diseñada para impactar, con un setlist antológico de cuatro décadas. La formación clásica, con Paul Stanley, Gene Simmons, Tommy Thayer y Eric Singer, interpretó himnos como 'Detroit Rock City', 'God of Thunder', 'Love Gun' y los bises 'I Was Made for Lovin' You' y 'Rock and Roll All Nite'.

La crónica

Esa noche en el Campín fue una de esas experiencias que te marcan, un espectáculo de KISS que superó cualquier expectativa y nos dejó con el corazón desbocado. Desde el momento en que cayó el telón, con el inflable de Detroit Rock City y la banda tocando encima, supimos que estábamos ante algo memorable. No fue solo un concierto, fue una declaración en toda regla, un evento que unió a generaciones en un rugido de estadio, sin necesidad de aplausos, solo con la fuerza del cuerpo.

La llegada al estadio ya era una fiesta. Padres con hijos, parejas de años, y yo, entre la multitud, sintiendo esa electricidad en el aire. Sabíamos que no íbamos a ver solo un show, íbamos a presenciar algo que se siente en cada fibra. Y KISS entregó: Tommy Thayer volando sobre nosotros con su guitarra, Eric Singer alzándose con su batería, transformándola en una torre de sonido, y Gene Simmons, el monstruo, escupiendo sangre falsa que nos dejaba con un susto real. Cada uno de esos momentos se grabó en la memoria sin pedir permiso.

La noche siguió con la banda encendida, himnos que hemos cantado desde niños resonando por todo el Campín. No se trataba de buscar el virtuosismo técnico, sino de sentir la comunidad, el espectáculo puro que KISS siempre vende. Padres explicaban a sus hijos quién era el de la lengua larga, y los más jóvenes veían el fuego caer por primera vez, con los ojos como platos. Parejas de adultos mayores, con el maquillaje pintado en la memoria y en la cara, celebraban un sueño cumplido, décadas de espera resumidas en esa noche vibrante.

Ver a generaciones enteras cantar "I Was Made for Lovin' You" a una sola voz fue la prueba más clara de que aquello no era un concierto de nicho. El abuelo, el padre y el nieto, cada uno con su historia con esa canción, todos unidos. Esa es la magia de KISS: no necesitan tocar perfecto cuando logran que cuarenta mil personas canten perfectamente juntas, creando una atmósfera de pura alegría y conexión que pocas bandas consiguen.

Cuando cerraron con "Rock and Roll All Nite" y el confeti llovió sobre el Campín, no quedó nadie sentado. Un estadio de rock no se vacía, se transforma. Nos fuimos a casa con una certeza bonita, la de haber compartido algo único. No porque fueran la mejor banda en un sentido técnico, sino porque ninguna otra logra que cuarenta mil desconocidos se sientan, por una noche, exactamente lo mismo: parte de una gran familia unida por el rock.

Highlights

  • 01La cortina cayó revelando el inflable gigante de Detroit Rock City y la banda, haciendo que el Campín rugiera no con aplausos, sino con el cuerpo del público.
  • 02Tommy Thayer se balanceó sobre el público con su guitarra, un relámpago humano que el cerebro grabó sin pedir permiso.
  • 03Gene Simmons escupió sangre, encarnando al monstruo que aterroriza y maravilla, generando susto real ante un acto inverosímil.
  • 04El estadio albergó a padres, hijos y adultos mayores, todos unidos y cantando 'I Was Made for Lovin' You', probando que no era un concierto de nicho.
  • 05Cuando el confeti llovía durante 'Rock and Roll All Nite', nadie permanecía sentado, transformando el estadio en un lienzo de euforia colectiva.