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Guns N' Roses, We're F'N' Back! Tour, Bogotá, 12 de octubre de 2022

12 de octubre de 2022 · Bogotá · Épico

GUNS N' ROSES

Guns N' Roses, We're F'N' Back! Tour · Estadio Nemesio Camacho El Campín

Slash en vivo con Guns N' Roses (Londres, 1 de julio de 2022), Kreepin Deth, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen de referencia, no corresponde a esta noche.

No eran los de los videos de los ochenta. Fueron más allá de las expectativas, y eso fue mejor que la nostalgia.

El contexto

Guns N' Roses regresó a Colombia en octubre de 2022 con su gira «We're F'N' Back!», marcando su tercera visita al país. Treinta años después de aquel polémico concierto de 1992 en Bogotá, que terminó en disturbios y una prohibición de eventos masivos de rock, la banda volvió a pisar el escenario de El Campín. Su anterior visita, en 2016, había sido en Medellín, parte de la gira que celebró el esperado reencuentro de Axl Rose y Slash.

Esta gira de 2022 continuaba aquel reencuentro, presentando al núcleo clásico con Axl Rose, Slash y Duff McKagan, junto a Dizzy Reed, Richard Fortus, Frank Ferrer y Melissa Reese. Con una formación de siete músicos, la banda estaba preparada para abarcar su extenso catálogo, desde el «Appetite for Destruction» de 1987 hasta el «Chinese Democracy» de 2008. Guns N' Roses ofreció dos noches consecutivas en El Campín, reuniendo a más de cincuenta mil personas en la segunda fecha.

A diferencia de lo que se esperaría de una banda de su calibre, la escenografía fue notoriamente sencilla, sin grandes artificios pirotécnicos ni estructuras inflables. Sin embargo, esta simplicidad no restó impacto al evento; el verdadero espectáculo era presenciar a Axl y Slash juntos nuevamente, un hito que gran parte del público consideraba imposible hace años.

La crónica

La noche en El Campín fue una de esas que quedan grabadas a fuego, no solo por la música, sino por el reencuentro que significó. Ver a Axl y Slash juntos de nuevo, en el mismo escenario en Bogotá, fue un hito que muchos habíamos creído imposible por más de dos décadas. Treinta años después de aquel concierto del 92, esta vez fue una celebración, una especie de reconciliación de la banda consigo misma y de la ciudad con su propia historia, algo que añadió un peso especial a la velada más allá de cualquier cartel.

La espera terminó con la llegada de Guns N' Roses, y aunque Axl y Slash ya no lucían como en los videoclips de los ochenta, eso no hizo mella en el espíritu de la noche. La voz de Axl, siempre un tema de conversación, aguantó el pulso, alcanzando los agudos de clásicos como "Sweet Child O' Mine" con esa mezcla de esfuerzo y pasión que le es tan propia. El público, entregado, lo acompañaba en cada nota que quizá se acortaba. Slash, por su parte, demostró una maestría que no necesita probar nada, cada uno de sus solos era inconfundible, esa forma única de estirar las cuerdas que ha definido su sonido.

El concierto fue una representación viva de su catálogo, superando todas las expectativas. Temas como "Nightrain", con ese riff inconfundible, sonaron potentes y crudos, tal como en el disco, con Duff y Frank Ferrer marcando un ritmo implacable. El cierre con esta canción transformó el estadio en un coro de cincuenta mil voces, aullando la letra como si el tren siguiera su curso. "Welcome to the Jungle", "Mr. Brownstone", "November Rain", "Paradise City", cada himno que resonó esa noche se sintió fresco, no como una reliquia, sino como una versión vibrante de canciones que llevan décadas en nuestros corazones.

Lo más emotivo fue observar la diversidad del público. Había un señor con una camiseta desgastada del concierto del 92, que había esperado treinta años este momento, junto a un joven de quince que descubrió la banda por Spotify y cantaba con la misma intensidad. Padres e hijos, abuelos y nietos, todos en El Campín entonando "Paradise City" al unísono. Esta es la magia de Guns N' Roses, una banda que trasciende generaciones, uniendo a quienes los vieron nacer con quienes los descubrieron más tarde, demostrando que una buena canción nunca envejece, solo encuentra nuevos oyentes.

Cuando "Paradise City" puso el broche de oro y las luces se encendieron sobre El Campín, nadie parecía querer irse. Cincuenta mil personas que llegaron por la música se quedaron con la profunda sensación de que una ciudad había sanado una vieja herida de treinta años. No eran los Guns N' Roses de los videoclips ochenteros, y quizás, precisamente por eso, la noche superó todas las expectativas.

Highlights

  • 01Ver a Axl y Slash compartir el mismo escenario en Bogotá fue una reparación histórica, tanto para la banda como para la ciudad, cerrando un ciclo de treinta años tras el concierto de 1992.
  • 02La voz de Axl, aunque con el esfuerzo de los años, aguantó la noche, elevándose en los agudos de clásicos como «Sweet Child O' Mine» mientras el público coreaba cada nota faltante.
  • 03Slash demostró su maestría con cada solo, estirando las cuerdas con su estilo inconfundible, probando que no tenía nada que demostrar y aún así lo hizo.
  • 04Canciones como «Nightrain» y «Welcome to the Jungle» resonaron con la misma fuerza y suciedad de sus versiones originales, convirtiendo el estadio en una garganta vibrante.
  • 05La noche unió a varias generaciones: desde fans que estuvieron en el concierto del 92 hasta jóvenes que descubrieron la banda por Spotify, todos cantando «Paradise City» al unísono.
  • 06El cierre con «Paradise City» dejó la sensación de que una ciudad había cerrado un círculo, y que el reencuentro de la banda había superado todas las expectativas.