
18 de noviembre de 2024 · Bogotá · Sincrónico
TOTO
Toto, The Dogz of Oz Tour · Cátedra de excelencia musical · Movistar Arena
Steve Lukather (Toto) ejecutando un solo de guitarra, Live At Chelsea Festival, Londres (13 de junio de 2019), IR24yoyo, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
No fue cualquiera de las canciones: fue «Jake to the Bone», el instrumental con el que muchos músicos crecimos. Ver a Toto tocarla en vivo fue un sueño hecho realidad.
El contexto
Toto no es solo una banda amada por el público; es venerada por músicos de todo el mundo. Fundada en 1977 por músicos de sesión legendarios, fueron la columna vertebral del sonido de una era, contribuyendo a éxitos icónicos sin ser siempre reconocidos. Para quienes tocan un instrumento, Toto representa un manual de ejecución donde la técnica sirve a la emoción, elevándose más allá del pop.
Su catálogo lo demuestra: éxitos como «Hold the Line» y el álbum «Toto IV», con «Rosanna» y el inmortal «Africa», les valieron seis premios Grammy. Sin embargo, su historia también está marcada por la pérdida de sus miembros fundadores Jeff y Mike Porcaro, y el retiro de David Paich, dejando un vacío palpable en cada presentación. Cada concierto de Toto es, por tanto, un tributo a su legado.
En 2024, el «The Dogz of Oz Tour» los trajo a Bogotá, presentando una alineación que es una verdadera cátedra musical. Con Steve Lukather y Joseph Williams al frente, y bestias de sesión como Greg Phillinganes y Shannon Forrest, la banda sigue siendo una escuela andante. Su repertorio incluye joyas como «Jake to the Bone», un instrumental que es puro oficio y un estudio de tesitura, venerado por músicos como una demostración de técnica pura.
La crónica
La noche del 18 de noviembre de 2024, Toto en Bogotá fue mucho más que un concierto. Fue una clase magistral de música, un encuentro de generaciones y un recordatorio de cómo la excelencia artística puede unir a todos. Desde el momento en que se encendieron las luces, el Movistar Arena se transformó en un espacio mágico donde las lágrimas de emoción se mezclaban con el asombro ante el virtuosismo de una banda legendaria, dejando una huella imborrable en la memoria de todos los asistentes.
Al llegar, la configuración del Movistar Arena ya anunciaba una noche diferente: la platea, normalmente un hervidero de movimiento, estaba dispuesta con sillas, invitando a una experiencia más contemplativa. Esta decisión no solo creó un ambiente accesible para todos, sino que nos permitió ver a padres con sus hijos y a adultos mayores sentados, listos para disfrutar. Desde la primera nota, muchos tenían los ojos húmedos, evidenciando la profunda conexión que esta música genera en públicos de todas las edades.
La banda no tardó en desplegar su magia. Cuando resonaron clásicos como «Hold the Line» y «Africa», el estadio entero se puso de pie. Fue emocionante ver a los abuelos tarareando y a los niños descubriendo estas canciones por primera vez, una prueba de que la música de Toto trasciende el tiempo y las generaciones. La ejecución fue impecable, con cada músico en perfecta sincronía: Shannon Forrest en la batería, John Pierce en el bajo, Greg Phillinganes y Steve Maggiora en los teclados, Warren Ham con su saxo, Joseph Williams con su voz potente y Lukather liderando con maestría. Era una orquesta humana, precisa y emotiva.
Más allá de los éxitos, hubo un momento que marcó la diferencia: «Jake to the Bone». Esta pieza instrumental, sin letra ni concesiones al gran público, fue el clímax de la noche para quienes apreciamos el oficio. Ver a la banda ejecutar en vivo este tema, tan complejo y a la vez tan fluido, que nos hizo sentir como si estuviéramos escuchando el estudio de grabación en vivo. La escenografía, con luces calculadas y un sonido impecable, permitió que cada instrumento y cada detalle llegaran con una claridad asombrosa, elevando la experiencia a un nivel casi sagrado.
Cuando la última nota se desvaneció, el aplauso fue unánime y duradero. Nadie se movió de inmediato, como si quisiéramos prolongar la magia. Toto había tocado con la sabiduría de quienes saben que cada sonido importa, y el público, desde el niño hasta el abuelo, lo había comprendido. Las luces se apagaron y Bogotá volvió a su rutina, pero la memoria de esa noche, llena de música y emociones compartidas, se quedó sonando en nuestros corazones, una verdadera cátedra para todos.
Highlights
- 01El Movistar Arena fue transformado en un teatro sentado, reuniendo a un público inesperadamente diverso: desde niños pequeños con sus padres hasta adultos mayores con lágrimas en los ojos, todos unidos por la música de Toto.
- 02La euforia fue palpable con éxitos como «Hold the Line» y «Africa», donde el público de todas las edades se levantó, demostrando que la música de Toto trasciende generaciones y crea una memoria colectiva instantánea.
- 03La precisión milimétrica de la banda fue asombrosa; cada músico demostró un dominio instrumental impecable, operando como un engranaje de relojería suiza que, sin embargo, mantenía una calidez humana.
- 04El audio del concierto fue excepcionalmente claro, una verdadera rareza, permitiendo apreciar cada matiz instrumental como si se estuviera en un estudio de grabación en vivo, lo que elevó la experiencia para el público y, especialmente, para los músicos presentes.
- 05«Jake to the Bone» fue el punto culminante de la noche para los músicos en la sala, una cátedra de virtuosismo donde la banda exhibió su maestría técnica en un instrumental sin concesiones, tocando una pieza que ha formado a incontables instrumentistas.