
24 de noviembre de 2024 · Bogotá · Admiración
IRON MAIDEN
Iron Maiden, The Future Past Tour · El regreso al Campín · Estadio El Campín
Estadio lleno bajo luces rojas, imagen ilustrativa del archivo Bogotá Suena.
A esa edad, después del cáncer, después de pilotar el Ed Force One: Bruce sigue ahí, sosteniendo a Maiden con la voz y con la vida.
El contexto
Iron Maiden, fundada en 1975 por Steve Harris, no es solo una banda de metal; es un fenómeno global con más de cien millones de discos vendidos y cuarenta años de giras ininterrumpidas. Su mascota, Eddie, es un icono universal que trasciende la música, y para sus seguidores de vieja data, Maiden representa un pacto generacional inquebrantable. Este estatus la convierte en una de esas bandas a las que se les peregrina, más que simplemente se les visita.
Después de trece años de ausencia en Bogotá, Iron Maiden regresó el 24 de noviembre de 2024, pisando por primera vez el Estadio El Campín, la casa del fútbol. Las entradas para esta histórica fecha se agotaron en veintiún minutos, demostrando la expectativa de un público que aguardaba su vuelta desde 2011. La gira, "The Future Past Tour", fue una audaz declaración: en lugar de los grandes éxitos esperados, la banda optó por mezclar temas de su reciente álbum "Senjutsu" con una revisión profunda de "Somewhere in Time" (1986), un disco rara vez tocado en vivo, ofreciendo un regalo a sus fans más leales.
La noche también estuvo marcada por la resiliencia de sus miembros clave. Bruce Dickinson, vocalista y otrora piloto del "Ed Force One", demostró su formidable recuperación tras superar un cáncer de lengua en 2015, manteniendo su potencia vocal a pesar de su edad y el reciente retiro como piloto comercial. A su lado, Nicko McBrain, el legendario baterista, ofreció una de sus últimas actuaciones con la banda, habiéndose recuperado de un derrame cerebral sufrido en 2023. Ambos encarnaron la perseverancia que define a Iron Maiden, haciendo de este concierto un evento cargado de significado.
La crónica
El 24 de noviembre de 2024, Bogotá recibió de nuevo a Iron Maiden después de trece años, y el Campín se transformó en el hogar del metal. Lo más impactante no fue solo ver el estadio colmado en veintiún minutos, sino la audacia de la banda al ofrecer una noche que se sintió como una declaración de amor a sus fans más fieles. No tocaron los himnos más obvios, sino joyas profundas de su catálogo, especialmente de "Somewhere in Time" y "Senjutsu", haciendo de esta una experiencia única e inolvidable para quienes venimos siguiéndolos desde siempre. Fue, sin duda, un concierto increíble, un regalo para los que estábamos allí.
La espera se sentía en cada rincón del Campín, desde las camisetas de los 80 que eran casi reliquias hasta los cánticos que llenaban el aire antes de que el escenario se encendiera. Era evidente que esta noche sería especial, y lo fue, aunque de una manera inesperada para muchos. Iron Maiden optó por una selección de canciones menos conocidas para el gran público, pero profundamente significativas para aquellos que las esperaban en silencio. No fue un error, sino una decisión que resonó directamente con el corazón de sus seguidores, demostrando un compromiso que va más allá de los grandes éxitos.
Esta fue la gira "The Future Past", enfocada en revisitar "Somewhere in Time", ese disco de 1986 con sus cyborgs, que durante décadas apenas se tocó en vivo, y sumarle lo más reciente de "Senjutsu". Cuando empezaron a sonar esos cortes profundos, la emoción era palpable. Era el momento en que se conectaba con esa parte del catálogo que no busca complacer a todos, sino a los que han estado ahí, descifrando cada álbum y cada letra. Esa noche, Iron Maiden nos recordó que su grandeza reside no solo en sus éxitos mundiales, sino en la profundidad y riqueza de toda su discografía.
Y, por supuesto, no podemos hablar de la noche sin mencionar a Bruce Dickinson. Verlo en el centro del Campín, con esa energía y esa voz inconfundible, fue inspirador. Recordábamos su batalla contra el cáncer de lengua, las semanas de radioterapia y su increíble recuperación. También venía a la mente su faceta de piloto, el capitán que durante años voló el "Ed Force One" llevando a la banda por el mundo. Aunque en esta gira ya no estaba a los mandos, Bruce seguía siendo el capitán en el escenario, un testimonio viviente de su pasión inagotable por el metal y por Iron Maiden. Cada nota fue un recordatorio de que ni la enfermedad ni la edad han podido apagar su espíritu.
A un costado, la presencia de Nicko McBrain fue igualmente conmovedora. Para quienes entendemos lo que implica la batería, verlo allí, firme, manteniendo el tempo impecable de una banda con tres guitarras, era asombroso, más sabiendo que un año antes había sufrido un derrame. Sin que muchos lo supieran, esa noche fue una de sus últimas tocadas con la banda, lo que le añade un peso emotivo extra. Cuando sonó la última nota y Eddie se despidió, el Campín no quería irse. Nos quedamos, cantando en la gradería vacía, con el frío calando, conscientes de haber vivido algo que no se repetirá. Iron Maiden eligió hablarnos a los suyos, a los de vieja data, y nos sentimos vistos, con la memoria sonando en nuestros corazones.
Highlights
- 01El Campín, transformado de casa del fútbol a templo del metal, vibró con camisetas gastadas de los 80 y cánticos pre-concierto, revelando la larga espera por este regreso.
- 02La banda sorprendió al no tocar los éxitos esperados, dividiendo al público entre la confusión de los casuales y la profunda comprensión de los fans de vieja data, quienes celebraron la elección de "cortes profundos".
- 03Bruce Dickinson, en el centro del escenario, cantó con la fuerza de quien ha regresado del cáncer, recordatorio constante de su indomable espíritu y su leyenda como piloto y frontman.
- 04Nicko McBrain, a un costado, sostuvo el tempo con maestría, ofreciendo una de sus últimas presentaciones tras superar un derrame cerebral, un acto de pura admiración para quienes comprenden el esfuerzo de un baterista.
- 05El Campín se negó a vaciarse tras la última nota, la multitud cantando en las gradas con el frío, sintiendo que habían sido parte de un evento irrepetible, una declaración de amor de Maiden a sus fieles.
- 06La sensación de ser "vistos" por la banda, al no ofrecer un recital complaciente sino una experiencia íntima para los que los siguen desde siempre, dejó una huella imborrable en la memoria colectiva.