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Exodus, gira «40 Years of Blood» (40 años de «Bonded by Blood»), Bogotá, 18 de octubre de 2025

18 de octubre de 2025 · Bogotá · Admiración

EXODUS

Exodus, gira «40 Years of Blood» (40 años de «Bonded by Blood») · Auditorio Mayor CUN

Foto: Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0 (Rob Dukes, Jack Gibson y Gary Holt de Exodus en vivo).

El thrash nunca muere. Y quien sobrevivió al cáncer para venir a tocarlo, tampoco.

El contexto

Exodus, una de las bandas fundadoras del thrash metal, nació en la bahía de San Francisco en 1979 y vio pasar por sus filas al entonces adolescente Kirk Hammett, quien cofundó la banda junto al baterista Tom Hunting. En 1983, Hammett dejó Exodus para unirse a Metallica, convirtiéndose en una de las bifurcaciones más significativas en la historia del género. Su lugar fue ocupado por Rick Hunolt, junto a Gary Holt, quien desde 1981 se estableció como el alma y jefe de riffs de la banda.

En 1985, Exodus publicó su icónico álbum «Bonded by Blood», grabado el año anterior, que se distinguió por su sonido crudo, salvaje y la distintiva voz de Paul Baloff. Cuarenta años después, en 2025, la banda emprendió la gira «40 Years of Blood» para interpretar el disco completo, de principio a fin, recorriendo varias ciudades de América Latina, incluyendo Bogotá.

La formación que llegó a la capital colombiana incluía a Gary Holt, Lee Altus, Jack Gibson, Rob Dukes y el incombustible Tom Hunting, miembro original. Hunting, quien en 2021 superó un cáncer de estómago que le exigió una gastrectomía total, demostró una resiliencia asombrosa. A sus sesenta años y tras una brutal cirugía que afectó el centro de su cuerpo, volvió a la carretera para tocar thrash a la velocidad y ferocidad que el género exige.

La crónica

El 18 de octubre de 2025 en Bogotá, Exodus nos regaló una noche inolvidable en el Auditorio Mayor CUN, donde la energía del thrash metal se sintió en cada rincón. Lo más memorable, sin duda, fue ver a Tom Hunting, el baterista original, superando todas las adversidades para darnos una cátedra de aguante y precisión. Su regreso triunfal a los platos, tocando el disco completo “Bonded by Blood” de principio a fin, fue una lección de vida y pasión, dejando claro que el espíritu de esta banda es indomable.

La ciudad bullía como siempre afuera, pero adentro, el auditorio nos esperaba. No era un estadio gigante, sino un espacio íntimo donde cada golpe de platillo y cada riff rebotaba con una potencia especial. Yo, como muchos otros fanáticos apretados, esperaba el momento. Desde mi perspectiva, sabía que lo verdaderamente impactante de la noche sería ver a Tom Hunting. Tras enfrentar un diagnóstico de cáncer de estómago en 2021 y someterse a una gastrectomía total, su presencia allí, listo para ejecutar un disco tan exigente, era un testimonio de fuerza inquebrantable. Entendía que la batería demanda el centro del cuerpo, y verle superar esa barrera física para tocar sin reservas era, para mí, un acto admirable.

La banda no dio tregua desde el primer instante. Abrieron con «Bonded by Blood» y siguieron con clásicos como «Exodus», «And Then There Were None», «A Lesson in Violence» y «Metal Command». Escuchar a un baterista de thrash con atención no es solo ruido, es precisión. Canciones como «Deathamphetamine» con sus cambios abruptos que simulan el ciclo de una adicción, o «Fabulous Disaster» con su galope sostenido, demandan una ejecución milimétrica. Tom, con una concentración asombrosa, entraba a tiempo siempre, haciendo que cada corte, cada aceleración, cayera en su lugar exacto. Esa complejidad es el corazón del thrash, una velocidad organizada que él, con su ritmo inquebrantable, controlaba a la perfección.

El set continuó con un bloque oscuro que incluyó «No Love», «Deliver Us to Evil» y «Brain Dead», seguido por «Impaler», momentos donde el público se transformó en un pogo continuo. Luego llegó «The Toxic Waltz», donde la banda bromeó con el público, soltando un pedazo de «Raining Blood» de Slayer y un jam de «Motorbreath» de Metallica, gestos cómplices entre gigantes del thrash. El cierre llegó con «Strike of the Beast», tras quince canciones y más de una hora de golpes exactos. Mirando alrededor, veías a gente de todas las edades, de veinte a sesenta, con camisetas negras gastadas, cantando las mismas letras, uniendo generaciones. Esa noche reafirmó que el thrash no muere, porque su energía trasciende la edad.

Al terminar, lo que más resonó en mí no fue un riff pegadizo, sino la imagen de Tom Hunting. Un hombre sin estómago, tocando thrash a sus sesenta años, sin fallar un solo cambio de métrica en el corazón de Bogotá. A veces, al sentarme detrás de una batería, uno siente el cansancio o pequeñas molestias, pero ver a Tom te recuerda que esas son excusas. Las luces se apagaron y el auditorio se vació, dejando a Bogotá en silencio. Pero la música de Exodus, impulsada por la fuerza de un hombre que superó el cáncer y sigue demostrando que el thrash nunca muere, sigue sonando fuerte en la memoria.

Highlights

  • 01El concierto se celebró en el Auditorio Mayor CUN, un lugar íntimo del centro de Bogotá que hizo que el sonido rebotara, devolviendo el golpe de los cuarenta años de thrash.
  • 02La atención se centró en Tom Hunting, quien conmovió al público con su capacidad de tocar el disco más rápido y violento de la banda tras haber superado una gastrectomía total, demostrando una fuerza admirable.
  • 03El público fue testigo de una precisión brutal en la batería, especialmente en temas como «Deathamphetamine» y «Piranha», donde los cambios de métrica y los doble bombos milimétricos construyeron un muro de sonido organizado y demoledor.
  • 04El auditorio se transformó en un pogo continuo con temas como «No Love» y «The Toxic Waltz», donde la banda incluso intercaló guiños a Slayer y Metallica, reafirmando su legado y hermandad con otros gigantes.
  • 05Con la banda tocando un setlist de quince canciones que duró más de una hora, la energía en el lugar era palpable y demostraba que el thrash no depende de la edad, sino de la pasión de músicos y fanáticos.