Bogotá Suena, redoblante sobre bombo y cable de guitarraBOGOTÁ SUENA
Rock al Parque 2025, Bogotá, 21 al 23 de junio de 2025

21 al 23 de junio de 2025 · Bogotá · Pertenencia

ROCK AL PARQUE

Rock al Parque 2025 · Parque Simón Bolívar

Foto: Escenario Plaza de Rock al Parque en el Parque Simón Bolívar, por RayScript. Licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons. Imagen de referencia del festival.

Rock al Parque en Bogotá 2025, ficha del concierto

Fecha:
21 al 23 de junio de 2025
Escenario:
Parque Simón Bolívar
Ciudad:
Bogotá, Colombia
Género:
Metal, Punk, Rock, Ska, Fusión
Rock al Parque 2025 concluye, pero su memoria viva camina con nosotros en los buses de regreso a casa.

El contexto

Rock al Parque nació en 1995 y se convirtió en el festival gratuito más grande de América Latina y en el ritual anual del rock bogotano. La edición 2025, titulada por nosotros «El reloj de arena de la sabana», se extendió del sábado 21 al lunes festivo 23 de junio en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, con tres escenarios simultáneos: Plaza, Bio y Eco.

El sábado 21 fue la jornada del metal extremo, el hardcore y el thrash, con Dismember, Belphegor, Hirax, Tenebrarum, Reencarnación, Mawiza, Polikarpa y sus Viciosas, Parabellum, A.N.I.M.A.L., Cemican y Black Pantera. El domingo 22 fue la fiesta mestiza del ska, el indie y el reggae, con Los Cafres, Los Rabanes, Los de Abajo, El Mató a un Policía Motorizado, Allison y Descartes a Kant. El lunes 23 cerró con las confluencias generacionales: El Cuarteto de Nos, La Derecha, El Gran Silencio, Don Tetto, Derby Motoreta's Burrito Kachimba y la jornada de hardcore de Madball, Comeback Kid y Grito en el Escenario Bio.

La crónica

Obertura urbana: el peregrinaje hacia el Simón Bolívar

Bogotá amanece vestida con su piel más fría aquel sábado 21 de junio. Una llovizna menuda y persistente desciende desde los cerros orientales, lavando el asfalto de la calle 63 y convirtiendo las aceras en un espejo gris donde se reflejan las botas pantaneras, los tenis rotos y los parches deshilachados de cientos de chaquetas de jean. Es el inicio del ritual. Desde la una de la tarde, momento en que se abren las puertas, ríos de personas desembocan por las estaciones de TransMilenio del Salitre, el CAN y la carrera 68: parches de jóvenes de Fontibón y Kennedy, familias enteras con niños montados en los hombros, veteranos de barba canosa que recuerdan las primeras ediciones, y viajeros que llegaron a la terminal de transportes tras largas horas de viaje en flota.

En el anillo exterior del Parque Metropolitano Simón Bolívar, la cotidianidad bogotana se entremezcla sin pedir permiso. Se siente ese contraste sensorial inconfundible entre el aroma a tinto campesino recién servido de los termos humeantes, el olor penetrante del impermeabilizante plástico barato y el perfume de quienes madrugaron a la primera fila. Los habitantes de calle observan con calma el río humano mientras empujan sus carretas; los revendedores cantan capas transparentes y los filtros de requisa de la logística avanzan con un ritmo milimétrico de relojería. Cruzar ese último torniquete no es solo entrar a un parque: es acceder a un territorio libre donde la ciudad suspende sus fracturas cotidianas para reconocerse en el ruido.

I. Primer movimiento (sábado 21 de junio): el peso del metal y el sudor invisible

El sábado le pertenece por derecho propio a la cofradía del metal extremo, el hardcore y el thrash. Sobre el césped del Escenario Plaza se extiende una alfombra densa de chaquetas de cuero con taches, chalecos de combate cargados de parches bordados y camisetas con tipografías góticas. La tarde arranca con la potencia distrital de Herejía, dando paso a la veteranía de dos instituciones de Medellín como Tenebrarum y Reencarnación, cuyo metal clásico resuena como un manifiesto histórico de resistencia sonora.

Mientras tanto, la trasescena bulle. Detrás de los telones gigantes, los stagehands, sonidistas e ingenieros de monitoreo libran una batalla silenciosa contra el clima de la sabana. Los operarios corren secando conectores con toallas industriales, asegurando cables bajo canaletas plásticas para que el barro no filtre la corriente, y cuadrando los cambios de batería entre la velocidad de Hirax desde Estados Unidos, el poder distrital de Devasted y la atmósfera profana de Belphegor desde Austria. «La gente ve la tarima encendida y cree que esto funciona solo», comenta con las manos engrasadas un técnico bogotano mientras acomoda una línea de retorno. «Pero cuando cae este frío y logramos que Dismember suene demoledor sin que se caiga la señal, uno siente que también está tocando con ellos».

En paralelo, el Escenario Bio se convierte en un hervidero con las propuestas distritales de Mortalem, Okinawa Bullets y Sin Pudor, acompañadas de la fuerza mapuche de Mawiza desde Chile y el sonido visceral de Polikarpa y sus Viciosas como invitadas nacionales, antes de que el punk ibérico de Parabellum y el poderío argentino de A.N.I.M.A.L. desaten un pogo frontal en el foso. Simultáneamente, el Escenario Eco congrega a los devotos de Dead Silence, Rain of Fire de Tuluá, la mística prehispánica de Cemican desde México, Keep the Rage y el demoledor afro-punk de Black Pantera desde Brasil. El cierre magistral en Plaza, tras el paso de Somberspawn, queda en manos de la leyenda sueca Dismember: un muro sónico de death metal puro que levanta una nube de vapor caliente bajo las luces estroboscópicas.

II. Segundo movimiento (domingo 22 de junio): la fiesta mestiza y la poesía urbana

El domingo el Simón Bolívar cambia radicalmente de piel. La indumentaria oscura da paso a los colores vivos, las camisas floreadas y una masa diversa dispuesta a celebrar el ska, el indie, el reggae y el rock alternativo. El Escenario Plaza se llena de baile desde temprano con la propuesta distrital de Urdaneta, seguida de la fiesta desbordada de Los Rabanes desde Panamá, que pone a saltar a miles de asistentes al unísono. La cadencia pop y sofisticada de Piel Camaleón y los argentinos Silvestre y La Naranja preparan el terreno para la descarga festiva de Los de Abajo desde México. Tras el paso distrital de Piangua, la noche en Plaza culmina en una comunión pacífica y multitudinaria con el roots reggae de Los Cafres, envolviendo el parque en un coro unánime que desafía el viento helado de la sabana.

«Vengo desde Kennedy con mi hermano para ver a El Mató», relata una joven que sostiene una chaqueta de jean mojada. «Lo hermoso de este domingo es ver cómo en el Bio la gente canta con los ojos cerrados mientras en Plaza están bailando ska. Este parque es el único lugar donde cabemos todos». En el Escenario Bio, la intensidad corre por cuenta de Bat Habits, los llanos psicodélicos de Chimó Psicodélico, el vigor español de Hermana Furia, la euforia pop-punk de Allison desde México y el metal moderno de Apolo 7, desembocando en el show conmovedor de los argentinos El Mató a un Policía Motorizado, cuyas guitarras espaciales y letras melancólicas provocan abrazos entre lágrimas en el foso. Por su parte, el Escenario Eco se consolida como el refugio de la exploración alternativa con Yo No La Tengo, la contundencia venezolana de Viniloversus, Desierto Drive, el sonido vanguardista pastuso-bogotano de Buha 2030 y el noise-rock teatral de Descartes a Kant desde México.

III. Tercer movimiento (lunes 23 de junio): la memoria que permanece

El lunes festivo llega con el peso del cansancio acumulado en las piernas, pero con el espíritu en su punto más alto. Es la jornada de las confluencias generacionales, el hardcore neoyorquino y los grandes himnos de la memoria latinoamericana. El Escenario Plaza abre con la vanguardia distrital de Hermanos Menores y la propuesta chilena de Animales Exóticos Desamparados, antes de que el rock andaluz psicodélico de Derby Motoreta's Burrito Kachimba sacuda las primeras filas. La fiesta estalla con la cumbia-rock contestataria de El Gran Silencio desde Monterrey y la energía generacional de Don Tetto como invitado nacional. Uno de los instantes de mayor densidad emocional sobreviene con La Derecha: la banda bogotana rinde tributo a las raíces del festival, haciendo vibrar a tres generaciones que crecieron con sus himnos en los años noventa. El cierre definitivo de la plaza lo firma El Cuarteto de Nos desde Uruguay, con miles de gargantas coreando sus rimas afiladas e irónicas bajo el cielo despejado de la noche.

Simultáneamente, el Escenario Bio vive una de las jornadas de hardcore más intensas que recuerde el festival: el metal distrital de Metal Sevicia, Somer desde Circasia (Quindío), Sin Nadie al Mando y K93 calientan un pogo circular y solidario que explota con la visita de Comeback Kid desde Canadá, la hermandad de Grito desde Medellín y la leyenda viva del hardcore de Nueva York: Madball, quienes convirtieron el Bio en una caldera de hermandad y respeto en el asfalto. A su vez, el Escenario Eco despide el festival con el poder femenino y alternativo de Rex Marte de Cali, Carmen Sea de Francia, The Monic de Brasil y el dúo gallego Bala desde España.

Al apagarse los últimos amplificadores, la multitud inicia el éxodo tranquilo por la calle 63. Mientras los operarios encienden las luces blancas para desmontar las estructuras y los recicladores de oficio inician su faena en la madrugada, en los oídos de cada asistente sigue zumbando esa frecuencia rebelde. Rock al Parque 2025 concluye, pero su memoria viva camina con nosotros en los buses de regreso a casa, recordándonos que Bogotá es una ciudad que sabe abrazarse en su propia música. Los conciertos terminan, los recuerdos no.

Highlights

  • 01El peregrinaje bajo la llovizna: ríos de personas desde el Salitre, el CAN y la carrera 68, con tinto campesino, capas transparentes y filtros de requisa de relojería.
  • 02La trasescena invisible: técnicos bogotanos secando conectores con toallas industriales para que Dismember sonara demoledor sin que se cayera la señal.
  • 03Sábado de metal extremo: Herejía, Tenebrarum, Reencarnación, Hirax, Belphegor, Mawiza, Black Pantera y el muro sónico de Dismember cerrando la Plaza.
  • 04Domingo mestizo: el baile de Los Rabanes, el coro unánime de Los Cafres desafiando el viento helado y los abrazos entre lágrimas con El Mató a un Policía Motorizado en el Bio.
  • 05Lunes de memoria: el tributo generacional de La Derecha, la cumbia-rock de El Gran Silencio y las rimas del Cuarteto de Nos bajo el cielo despejado.
  • 06Madball convirtiendo el Escenario Bio en una caldera de hermandad hardcore, con Comeback Kid y Grito en el pogo circular y solidario.
  • 07El Eco despidiendo el festival con el poder femenino y alternativo de Rex Marte, Carmen Sea, The Monic y Bala.

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