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Slipknot, Here Comes the Pain Tour 2024, Bogotá, 6 de noviembre de 2024

6 de noviembre de 2024 · Bogotá · Intensidad

SLIPKNOT

Slipknot, Here Comes the Pain Tour 2024 · Movistar Arena

Eloy Casagrande tocando con Sepultura (Nova Rock 2014), Isabel «Izy» Zoller, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Imagen de referencia, no corresponde a esta noche.

No necesitan un metrónomo: llevan el ritmo en las venas.

El contexto

Slipknot, la anomalía enmascarada nacida en Des Moines en 1995, ha enfrentado desde su origen la compleja sucesión de su percusión. Tras la salida de Joey Jordison y luego de Jay Weinberg, la banda se vio con dos huecos esenciales, especialmente el del baterista, una silla codiciada y fundamental que requería no solo técnica sino también el alma brutal del metal.

La respuesta llegó desde Brasil con Eloy Casagrande, un prodigio con pedigrí metalero, formación de conservatorio y una potencia explosiva. Seleccionado tras audiciones a puerta cerrada, su llegada prometía inyectar la amenaza sonora que la banda buscaba, aportando su experiencia tras una década con Sepultura, donde forjó una reputación de destreza y ferocidad.

La gira «Here Comes the Pain Tour 2024» no fue una celebración de grandes éxitos, sino un regreso a las raíces: conmemorando los 25 años de su disco debut de 1999, Slipknot decidió tocar el álbum completo junto a sus caras B. Temas como «No Life» y «Scissors» volvieron a sonar en vivo por primera vez desde el año 2000, ofreciendo a los fans una experiencia única y profunda, evidenciada por dos noches con boletería agotada en el Movistar Arena de Bogotá.

La crónica

Esa noche, la segunda de Slipknot en el Movistar Arena el 6 de noviembre, fue una experiencia que difícilmente olvidaré. La llegada de Eloy Casagrande a la batería no solo fue un evento, sino una revelación que cambió la energía de la banda. Desde mi lugar en el segundo piso, pude ver cómo su técnica pulcra, combinada con una ferocidad metalera innata, le devolvió a Slipknot ese filo peligroso que extrañaba. Los clásicos menos conocidos que tocaron, esos 'lados B' del disco de 1999 que no se escuchaban en décadas, cobraron una nueva vida, desatando pogos por todas partes y confirmando que la banda sigue siendo una fuerza imparable.

La velada comenzó con la expectativa palpable en el aire, especialmente para nosotros, los que esperábamos ver cómo se integraría el nuevo baterista. Me coloqué en el segundo piso, desde donde se podía ver cada detalle del kit y los movimientos de Eloy. Desde el primer compás, fue evidente que su elección no fue casual. Su forma de tocar, con golpes pesados y una mano izquierda que parecía martillar, inyectó una agresividad que se sentía en el pecho, muy diferente a la precisión más contenida que recordábamos. Slipknot, que por momentos había sonado casi quirúrgico, recuperó esa amenaza sonora que lo define, y Eloy fue clave en eso.

Lo que realmente hizo esta noche especial fue la selección de canciones. La gira 'Here Comes the Pain' nos regaló joyas como 'No Life', 'Scissors', 'Me Inside', 'Purity' y 'Only One', muchas de las cuales no sonaban en vivo desde principios de los 2000. Para el fan casual, quizás eran temas menos conocidos, pero para los que llevamos años siguiendo a la banda, fue como encontrar un tesoro escondido. La energía fue brutal; incluso en los sectores de sillas, donde la gente suele quedarse más quieta, se abrieron círculos de pogo, demostrando que este material, menos comercial, tiene un poder innegable. Slipknot nunca defrauda, y con estas canciones, menos aún.

Cada miembro de la banda estuvo en su punto, entregando la potencia y el espectáculo que sus fans esperan. Corey Taylor lideraba con su garganta inconfundible, Clown y Tortilla Man golpeaban los bidones con fiereza, Mick Thomson y Jim Root formaban un muro de guitarras, Sid Wilson aportaba desde los platos y Venturella sostenía el bajo con maestría. Todos impecables, todos los que uno fue a ver. Y en el centro de todo, el nuevo baterista se lucía, sumando su propia impronta metalera a la rica historia del kit de Slipknot, sin reemplazar, sino agregando una nueva dimensión a la banda.

Al final de la noche, lo que más me quedó fue la confirmación de algo que como baterista, aprecio profundamente: estos músicos tienen el ritmo en la sangre. Eloy tocaba como si el tempo viviera dentro de él, y la banda entera se cohesionaba en ese pulso sin necesidad de ninguna guía externa. Cuando sonó 'Scissors', y el Movistar Arena se convirtió en un solo pogo descontrolado, supe que Slipknot, una vez más, había superado las expectativas. Con Eloy Casagrande, la banda no solo no defraudó, sino que recuperó ese toque de peligro y espontaneidad que la hace única.

Highlights

  • 01Desde el segundo piso, la precisión y el golpe sucio de Eloy Casagrande dejaban claro el porqué de su elección, entregando su cuerpo entero al parche en los primeros compases.
  • 02La agresividad de Eloy devolvió a Slipknot una cuota de peligro, con golpes pesados y un groove sin permiso que se sentía en el pecho, alejándolos del sonido clínico de años recientes.
  • 03La banda rompió el escenario con canciones menos conocidas como «No Life» y «Scissors», generando pogos por todas partes, incluso en los sectores de sillas, que se unieron a la energía desbordante.
  • 04Cada integrante, desde Corey Taylor hasta Mick Thomson, se mostró impecable, conformando el ensamble exacto que la fanaticada fue a ver, en perfecta sincronía con el nuevo baterista.
  • 05La sensación de que estos nueve músicos no necesitan un metrónomo fue palpable, con Eloy marcando un pulso propio que el resto de la banda seguía sin fisuras, reafirmando una elección que devolvió el peligro a la banda.