BOGOTÁ SUENA
The Offspring, Supercharged Worldwide in '25, Bogotá, 23 de marzo de 2025

23 de marzo de 2025 · Bogotá · Reencuentro

THE OFFSPRING

The Offspring, Supercharged Worldwide in '25 · Movistar Arena, Bogotá

Foto: Matthewvetter, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (The Offspring en Fremont Street, Las Vegas, 2024).

Crecimos con sus canciones en los 90 y en los videojuegos. Verlos ahí, siendo gente normal, nos recordó que también podemos llegar.

El contexto

The Offspring, la banda californiana nacida en 1984 como «Manic Subsidal», se consolidó como uno de los pilares del punk noventero. Con su icónico álbum «Smash» (1994), que vendió millones de copias de forma independiente, y éxitos como «Come Out and Play» y «Self Esteem», definieron la banda sonora de una generación.

Su influencia trascendió la música, infiltrándose en la cultura pop a través de videojuegos como «Crazy Taxi» y «Tony Hawk's Pro Skater». Después de visitas anteriores a Bogotá en 2004, 2019 y 2024, la banda regresó el 23 de marzo de 2025 al Movistar Arena con su gira «Supercharged Worldwide in '25», presentando su álbum de 2024.

La actual formación incluye a Brandon Pertzborn en la batería desde 2023, un músico con pedigrí de bandas como Suicidal Tendencies. Pero la singularidad de The Offspring va más allá de la música: Dexter Holland, el vocalista, posee un doctorado en Biología Molecular, y Noodles, el guitarrista, fue conserje escolar, demostrando que los sueños musicales pueden coexistir con trayectorias inusuales.

La crónica

El 23 de marzo de 2025 fue una noche de esas que te marcan, un concierto de The Offspring en el Movistar Arena que se sintió como un reencuentro con una parte de uno mismo. Desde el segundo piso, vi un mar de pogos en la pista, moviéndose con una energía contagiosa que parecía una coreografía caótica pero perfecta, una verdadera comunidad en movimiento. Fue una experiencia que me devolvió a esas canciones que nos formaron, que sonaron en nuestros cuartos cerrados y que ahora, a volumen de arena, nos recordaban por qué seguimos aquí.

La llegada al Movistar Arena ya prometía una noche vibrante. Una vez en mi sitio, la emoción se palpaba en el aire mientras esperábamos que las luces bajaran. Cuando The Offspring finalmente salió al escenario, fue como si la memoria se hiciera sonido, interpretando esas melodías que se colaron en nuestra cultura pop sin que nos diéramos cuenta. Temas como "Come Out and Play" con su riff inconfundible, "All I Want" a toda velocidad y "The Kids Aren't Alright" cayeron como verdaderas confesiones, no como simple nostalgia, sino como la reafirmación de una banda que sigue intacta.

Y vaya que estaban en forma. El nuevo baterista, Brandon Pertzborn, fue una revelación. Como músico, uno no solo escucha la canción, sino también el tiempo, las decisiones detrás de cada golpe, y Brandon no desperdiciaba ninguno. Su experiencia en el punk más crudo y el metal más pesado se notaba en cada acento y cada fill, como si el ritmo corriera por sus venas. Fue una clase magistral de percusión disfrazada de concierto, una demostración de por qué la batería es, para muchos, la razón de estar allí, hipnotizados por la música.

Pero el momento más significativo de la noche no fue un solo de guitarra ni un pogo salvaje, sino la profunda reflexión que provocó ver a Dexter Holland y a Noodles en el escenario. Pensar que Dexter, el vocalista, tiene un doctorado real en Biología Molecular, y que Noodles, el guitarrista, fue conserje, dota a su trayectoria de una humanidad increíble. Verlos ahí, después de tantos años, nos recordó que esos sueños que tenemos alrededor de la música, los que nacieron en cuartos comunes y corrientes, no son una fantasía lejana, sino una posibilidad real que ellos mismos encarnan.

Cuando sonaron las últimas notas de "You're Gonna Go Far, Kid" y el cierre con "Self Esteem", esa canción que todos cantábamos sin entender del todo que hablaba de nosotros, las lágrimas cobraron sentido. No eran por la banda, sino por nosotros, por los adolescentes de los noventa que seguimos firmes, cantando. Esas canciones no son solo música, son la razón por la que seguimos yendo a conciertos, la razón por la que estamos ahí. Ver a The Offspring, con ese baterista impecable, ese doctor como vocalista y ese guitarrista exconserje, te conecta con la esencia de por qué la música, la nuestra, la que creció con nosotros, todavía nos encuentra, nos explica y nos devuelve un pedazo de nosotros mismos. Las luces se apagaron y Bogotá volvió a dormir, pero el eco de esa noche en el Movistar Arena nos hizo sentir, por un rato, que volvíamos a tener dieciséis.

Highlights

  • 01El Movistar Arena fue testigo de una euforia colectiva, con la pista convertida en un mar de pogos organizados, demostrando que el caos punk puede ser una forma de comunidad en movimiento.
  • 02Las canciones que marcaron la adolescencia de los 90, desde «Come Out and Play» hasta «The Kids Aren't Alright», resonaron en vivo, convirtiendo la memoria en sonido sin caer en la nostalgia barata.
  • 03La presencia de Brandon Pertzborn en la batería fue una clase magistral de precisión y potencia, un baterista que entiende que tocar es decidir, imprimiendo peso y garra a cada golpe.
  • 04El concierto fue un permiso y una inspiración: ver a Dexter Holland (doctor en Biología Molecular) y Noodles (ex-conserje escolar) en el escenario, recordó que los sueños musicales pueden hacerse realidad para personas comunes.
  • 05Las lágrimas al final no eran por la banda, sino por la reafirmación de la identidad de los adolescentes de los 90, quienes, con «You're Gonna Go Far, Kid» y «Self Esteem», volvieron a tener dieciséis.